Una acción de fe / Es mejor dar

Hace años atrás en una campaña que di en la isla de Curazao Dios me enseñó sobre el sistema financiero del reino y aprendí una gran verdad de las palabras de Jesús, que es más bienaventurado dar que recibir. (Hechos 20: 35). Ser un dador alegre y espontáneo (2 Corintios 9: 7) es la fuente de una gran bendición, mucho más grande que recibir.

Este domingo pasado mientras conducía a la iglesia le estaba enseñando este gran principio junto a otros del ministerio profético a mi hijo de 14 años quien estaba atento escuchando mis palabras.

Le hablaba sobre el principio de la honra y la importancia de los diezmos y ofrendas. Después de un tiempo en la iglesia se me acerca un hijo espiritual y me dice: “pastor bendiciones, quiero darle estos $100 a su hijo y me entrega el dinero para dárselo. Era el momento de las ofrendas, pero no encontré a mi hijo.

Al encontrarlo le digo “Emmanuel aquí te enviaron una ofrenda de $100” en ese momento el comenzó a llorar diciendo con una voz entrecortada: “Dios es fiel, le pregunté: que pasó? Llorando me dice: Cuando fuí a ofrendar deposité todo lo que tenía ($20) y le dije a Dios que si era verdad todo lo que me estabas enseñando en el carro me lo demostrará él mismo, y han pasado 5 minutos y me contestó”

Gloria a Dios por las experiencias que vivimos y por Su palabra!

Haga de ésta una afirmación personal de la Palabra de Dios: Dios hará lo que dice, el no se queda con NADA, y nos da mucho más de lo que podamos darle a Él.

He probado a Dios con diezmos y ofrendas de acuerdo a Malaquías 3, y ahora sé que Dios abrirá las ventanas del cielo para mí, y derramará bendiciones tan abundantes que no tendré suficiente espacio para recibirlas.

Gloria a Dios por abrir las ventanas del cielo a mi vida, y por sus abundantes bendiciones que enriquecen y no no añaden tristeza. Yo sé que Dios en respuesta a mi amorosa obediencia de dar, ha prometido que él reprenderá por mí al devorador.

Yo sé que Dios suple todas mis necesidades conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Me mantendré firme de acuerdo con esta confesión, sin dudar. Santiago 1: 7 declara que el hombre de doble ánimo no recibirá nada del Señor. Pero yo no perderé la esperanza de que Dios me abra las ventanas del cielo, y derrame todas sus bendiciones en forma tal que sobreabunden, y que él esté reprendiendo al devorador por mi causa. ¡Está sucediendo! ¡aleluya!

He sembrado en abundancia, y por eso Dios declara que cosecharé abundantemente. Las bendiciones financieras abundantes son mías, porque Dios así lo dijo, y Dios no es hombre que pueda mentir. He dado sin enojo, no por necesidad; he dado espontáneamente, con gusto porque «Dios ama al dador alegre» (2 Corintios 9: 7). Yo sé que si retuviese lo que es de Dios eso sería la causa de mi pobreza (Proverbios 11: 24). Pero yo practico la liberalidad en el dar, y por eso él se hace cargo de mis necesidades.

Estoy descubriendo la verdad de las palabras de Jesús que es más bienaventurado dar que recibir. (Hechos 20: 35). Ser un dador alegre, espontáneo (2 Corintios 9: 7) es la fuente de una gran bendición, mucho más grande que recibir. Pero a medida que doy, el Señor cuida de que se me dé medida buena, apretada, remecida y rebosando… en mi regazo (Lucas 6: 38).

Honro a Dios, a mis padres y a mis líderes con mis vienes. Saco una parte para los pobres, las viudas y los huérfanos, reconociendo que debo cuidar mi corazón y no buscar reconocimiento.
«Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas…para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu padre que ve en lo secreto te recompensará en público» (Mateo 6: 1-4).

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